Nuevos líderes en el sur del Cáucaso

Elecciones presidenciales en Armenia. 2003

En 2003, cuatro elecciones sacudieron a las repúblicas caucásicas de Armenia, Azerbaiyán y Georgia 1. Importantes sectores de la población, los partidos de oposición y observadores internacionales afirmaron que se registraron fraudes e irregularidades, poniendo en duda la legitimidad de los resultados. Los líderes que ocupan el poder desde el desmoronamiento de la URSS –ya sean los intelectuales nacionalistas o la nomenklatura nacida en la era soviética– ceden poco a poco su lugar a la generación de las privatizaciones.

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Guerra y “normalización” en Chechenia

GroznyGracias al apoyo masivo a la adopción de una nueva Constitución -según el resultado de un nada democrático referéndum realizado el 23 de marzo pasado- el gobierno ruso de Vladimir Putin anunció la “normalización” de la situación chechena. Sin embargo, al amparo de la “guerra contra el terrorismo”, el ejército ruso continúa cometiendo exacciones contra la población civil con toda impunidad, alegando la necesidad de eliminar los últimos “grupos aislados” de la resistencia. Los atentados del último mes de mayo parecen indicar la existencia de realidades paralelas…

Lo primero que sorprende al llegar a Grozny, capital de Chechenia, no son los puestos de control, los militares encapuchados en sus blindados, ni siquiera las ráfagas de armas automáticas, las colinas de escombros, las rutas llenas de baches, los árboles fulminados, los edificios despanzurrados, las fachadas hechas pedazos, las ruinas calcinadas… En última instancia, todo eso forma parte del paisaje de la guerra, y uno casi lo espera. No, lo que sorprende es la vida. Las huellas de vida, los signos de actividad humana, la irrupción de personas bien vivas en esta ciudad fantasmal. Por más estupor que produzca, uno se sorprende de verlas allí, a tal punto parecen absurdas esa ropa secándose en los huecos de las paredes, esas sábanas a manera de ventanas, esos kioscos de bebidas, esas mercancías expuestas al borde de las rutas…

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El tabú del Genocidio Armenio en Turquía

Tancer AkcamEn la negativa de sucesivos regímenes turcos a reconocer el crimen cometido contra los armenios confluyen causas de diferente orden, que no obstante requieren ser removidas para afrontar desde una perspectiva democrática la condena al genocidio y la reafirmación de la identidad nacional.

Sería ingenuo considerar el voto del Parlamento francés del 18 de enero de 2001, que reconoce el genocidio de 1915, como el testimonio de una profunda compasión de Francia por los sufrimientos vividos por los armenios en el pasado. En primer lugar convendría que “Francia reconociese por vía legislativa, considerarse culpable de genocidio o de crimen contra la humanidad” en Argelia1. Este argumento se utiliza con mucha frecuencia en Turquía. Sin embargo, cualquiera sea el punto de vista que se adopte ante la decisión del Parlamento francés, no debe convertirse en pretexto para disimular una vez más lo que el partido gubernamental otomano-turco hizo entre 1915 y 1917 contra la población armenia.

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Refugiados por millones

ACNURFundado en 1950, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) extendió gradualmente su acción a la asistencia y protección no solamente de los refugiados, sino también de solicitantes de asilo, poblaciones desplazadas y personas repatriadas. La Convención de Ginebra de 1951 define como refugiado “toda persona que huyó de su país, y no puede o no quiere regresar, porque teme fundadamente ser perseguida debido a su raza, religión, nacionalidad, opiniones políticas o pertenencia a un grupo social particular”. En 2000 ACNUR puso bajo su protección a 21.300.000 personas, de los cuales apenas la mitad eran refugiados registrados como tales. Habría que añadirles los 20 a 25 millones de personas desplazadas en su propio país, sobre cuyo destino se discute ásperamente en el seno de la ONU. Su protección compete sólo marginalmente a ACNUR, dado que la condición de refugiado implica franquear una frontera internacional. ¿Hay que reunir a desplazados y refugiados en la misma categoría jurídica y protegerlos del mismo modo? ACNUR está financiado mayormente por las contribuciones voluntarias de los gobiernos. Su presupuesto global alcanzaba en 2000 los mil millones de dólares. En 1980 disponía de 60 dólares por refugiado; en 2001 tiene sólo 40. Ruud Lubers, flamante alto comisario para refugiados, opina que la actitud de los gobiernos de los países ricos es aberrante: “Por una parte no financian los programas que podrían ayudar a los refugiados a volver a sus países o a vivir mejor allí donde los azares del exilio los arrojaron, y por otra cada año les restringen un poco más el acceso legítimo al asilo y seguridad de sus territorios a los pueblos amenazados”.

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Pulseada ruso-estadounidense

Bush y Putin Mosaico de pueblos, el Caúcaso constituye también un mosaico de conflictos: guerras en Chechenia, operativos islamistas en Daguestán, estancamiento en la disputa entre Armenia y Azerbaiyán. Enfrentamientos que Moscú y Washington manipulan, ávidos de petróleo.

El acceso de Vladimir Putin al poder en Moscú coincidió con un vuelco geoestratégico decisivo para el Cáucaso: la apertura el 17 de abril de 1999 del oleoducto que vincula a Bakú (Azerbaiyán) con el puerto de Supsa (Georgia) sobre el Mar Negro, pone fin a la hegemonía rusa sobre la exportación de hidrocarburos del Mar Caspio. Dos series de acontecimientos, en el Cáucaso y en Rusia, multiplican sus efectos.

Desde 1993, cuando Azerbaiyán empieza a negociar los contratos de explotación y las vías de exportación del petróleo con las empresas occidentales, tras las opciones técnicas se perfila una jugada política: la salida de los tres Estados del sur del Cáucaso del área de influencia rusa a la que pertenecieron durante dos siglos. Después del colapso de la Unión Soviética, Estados Unidos pasó rápidamente de una política de contención (containment) ante la nueva Rusia a otra de obligarla al retroceso (roll-back): más allá de lo que diga, se propone reducir la influencia rusa en el Cáucaso. Aunque el ex director de la oficina estadounidense en el Cáucaso y Asia central, Stephen Young, asegura que Washington no pretende oponerse a los intereses de Moscú en el Cáucaso, la realidad desmiente sus tranquilizadoras palabras.

Lo prueban varios acontecimientos ocurridos en 1999. Alineándose con Ucrania y Azerbaiyán, que no los firmaron, Georgia denunció el tratado de defensa colectiva de las fronteras de la Comunidad de Estados Independientes (CEI) y el tratado de seguridad colectiva de Tachkent, y prefirió remitirse, pese a la distancia, al paraguas de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). En la cumbre de la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE) celebrada en Estambul en noviembre de 1999, el entonces presidente Boris Yeltsin firmó un acuerdo de desmantelamiento de dos de las cuatro bases rusas en Georgia, iniciado en el 2000 a pesar de las protestas abjazes y las reticencias del Estado Mayor ruso.

El Guuam (que agrupa a Georgia, Ucrania, Uzbekistán, Azerbaiyán y Moldavia), contribuye también a esta presión sobre los bordes de Rusia. Su última reunión en Washington, en mayo de 2000, se centró en cuestiones militares y de seguridad. De hecho, en el sur del Cáucaso el único Estado de la CEI que queda integrado en los órganos de cooperación militar con Moscú es Armenia. El asesinato de su primer ministro y del presidente de su Parlamento en octubre de 1999 se inscribe en este contexto. Los occidentales ejercen una doble presión sobre Ereván: para que los armenios hagan las concesiones necesarias para arreglar el conflicto que los opone a Azerbaiyán a propósito de Alto Karabaj, y para que elijan el Main Export Pipeline (MEP), el oleoducto destinado a exportar el petróleo del Mar Caspio hacia el puerto turco de Ceyhan.

Si el conflicto petrolero adquiere tanta importancia, se debe a que el alza de los precios del crudo hace particularmente preciada toda nueva zona de producción. Pero la administración estadounidense también contribuyó a incrementar la puja politizando la cuestión. No es casual que la CIA haya presentado el informe más optimista sobre las reservas de la zona del mar Caspio, que los expertos evalúan como completamente falto de realismo. Las presiones que ejercen Washington y Ankara sobre las empresas para que cofinancien el paso del oleoducto a través de Georgia y Turquía -y no a través de Irán y Rusia- traicionan la prioridad otorgada a los objetivos políticos por sobre los intereses económicos. Porque en la actualidad no hay petróleo suficiente como para rentabilizar la construcción y explotación de ese oleoducto.

Ahora bien: el oleoducto norte, que une a Bakú con el puerto ruso de Novorosiisk, fue objeto desde su apertura en abril de 1999 de ataques en territorio checheno, hasta el punto de que se lo cerró momentáneamente. Después, en agosto, los combatientes chechenos de Chamil Bassaev y Jabib Abd Ar-Rahman Jatab intervinieron en Daguestán: esos operativos se proponían algo más que la independencia chechena. Al proponer la creación de un estado islámico común con Daguestán, los radicales reanudaban un proyecto (que tiene una antigüedad de hasta dos siglos) que debilitaría considerablemente el flanco sur de Rusia. A falta del apoyo de los daguestaníes y otros pueblos del norte del Cáucaso, que desconfían de las veleidades hegemónicas de los chechenos, estos últimos encontraron apoyos en el mundo musulmán y tal vez más allá, aunque lo esencial de sus armas les es “provisto” por los mismos soldados rusos.

Prontos a estigmatizar el rol de las “organizaciones terroristas internacionales”, los rusos no tienen motivos para sorprenderse de estas intervenciones en la región más sensible de su Federación: ¿acaso no explotaron sistemáticamente, bajo el gobierno de Boris Yeltsin, los conflictos en Abjazia, Osetia y Karabaj, en un intento de preservar su influencia en la región, especialmente para obligar a Azerbaiyán y Georgia a entrar en la CEI en 1993? Para no hablar de las dos guerras en Chechenia, donde nada podría justificar la dimensión de la violencia perpetrada contra las poblaciones civiles.

El retorno a la paz implica verdaderas negociaciones políticas, para que el Cáucaso pueda retomar su prosperidad de antaño. La oposición ascendente entre un eje este-oeste (Azerbaiyán, Georgia, Turquía, Estados Unidos) y un eje norte-sur (Irán, Armenia, Rusia), no le resulta más favorable que el encierro de ayer en una Unión Soviética que bloqueaba su frontera sur. Para integrar estos dos ejes, hay que renunciar a las estrategias que apuntan a excluir a uno de los actores, sea cual fuere, del famoso “gran juego”.

Petróleo y corrupción

La fiebre de petróleo gana al conjunto de dirigentes y de medios masivos de comunicación. Pero es difícil distribuir ese maná: algunos clanes bien ubicados suelen acaparar sus beneficios. En una región donde se habla de lucha contra la corrupción sin librarla, ya hay quienes evocan el “síndrome holandés”, esto es, el efecto de distorsión que genera un boom petrolero al marginalizar el resto de la economía y a la mayoría de los habitantes.

Si a esto añadimos las incertidumbres referidas a la real dimensión de las reservas de hidrocarburos, es evidente que el futuro del Cáucaso pasa por la diversificación de sus actividades económicas. Pero esa diversificación tropieza con varios obstáculos. La apertura comercial enfrenta a los productos tradicionales con una competencia temible. En cuanto a los sectores de la industria pesada que se desarrollaron durante el régimen soviético, difícilmente encuentran quienes se hagan cargo de ellos, a causa de sus dificultades.

Los Estados afectados multiplican sus esfuerzos en el decisivo terreno de las infraestructuras. Con ayuda de fondos internacionales, reconstruyen puentes, redes de rutas y de vías férreas, redes eléctricas. Las capitales se equipan con servicios. Pero las inversiones no llegarán masivamente sino con dos condiciones: la solución de los conflictos congelados pero no resueltos, y el esclarecimiento, tanto en Rusia como en el sur del Cáucaso, de reglas de juego económicas enturbiadas por funcionamientos ocultos.


Autor/es:Jean Radvanyi

Publicado en:   Edición Cono Sur

Número de edición: Número 16 – Octubre 2000

Páginas: 22, 23

 

Chechenia, tres años de caos

ChecheniaIslamistas y secuestros, tal es la imagen que se tiene de Chechenia en el período de entre guerras (1996-1999). Sin embargo, ésta es una parte, y sólo una parte, de una realidad mucho más compleja, de la que Rusia ha permanecido bastante más ausente de lo que sostiene.

El 31 de agosto de 1996, cuando el entonces Jefe del Consejo de Seguridad ruso, Alexandre Lebed, y Aslan Maskhadov, Comandante en Jefe de las fuerzas independentistas chechenas, firman la “paz” en Khassaviurt, ambos saben que no hay arreglo. El texto establece un plazo de cinco años para definir el estatuto de Chechenia, pero a priori las posiciones son inconciliables: Moscú no reconocerá la independencia chechena, y los independentistas, embriagados por su victoria en Grozny, no tienen intenciones de ceder.

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Escalada militar y peligro islámico en el Cáucaso

Hamil BasayevLa campaña de bombardeos sobre la separatista Chechenia, iniciada por el gobierno de Moscú con el argumento de que las milicias islámicas son responsables de las incursiones en Daguestán y de los atentados terroristas que estremecieron las ciudades rusas de Moscú, San Petersburgo, Volgodonsk y Buinasksk (en Daguestán), se convierte en guerra abierta con el ingreso de tropas rusas terrestres en la región. El crecimiento del islam político en Daguestán es alimentado por la degradación de la situación interna, por el wahabismo de origen saudita y por miles de predicadores extranjeros.

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Unión Juventud Armenia

Unión Juventud ArmeniaUnión Juventud Armenia (UJA, Արմենիա Երիտասարդական Միութիւն), es la organización juvenil de la Federación Revolucionaria Armenia (Հայ Յեղափոխական Դաշնակցութիւն), y como tal es miembro pleno de la Unión Internacional de Juventudes Socialistas (IUSY).

UJA es un espacio de formación en la identidad nacional armenia y compromiso con la lucha por los Derechos Humanos, con la ideología de la FRA, y la lucha de liberación nacional armenia, desde 1941, año de su fundación por el activista tashnagtsagán Arsen Mikaelian.

 

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