Manifestaciones por los pogromos de Sumgait, Bakú y Kirovabad

12764517_10153556766238655_4072144048327537491_oEl 26 de febrero de 2016 marchamos hasta la Embajada de Azerbaiyán en Buenos Aires, Argentina, para conmemorar el 28° aniversario de los pogromos de Sumgait, Bakú y Kirovabad. El viernes 4 de marzo realizamos una intervención silenciosa en las puertas del shopping Tres Cruces, en Montevideo, Uruguay.

 

Compartimos el discurso leído por Axel Costanian durante la marcha frente a la Embajada de Azerbaiyán.

“Las matanzas de Sumgait, Bakú y Kirovabad fueron la continuación del plan de limpieza étnica que comenzó durante el Genocidio Armenio. Por eso marchamos todos los 24 de abril a la Embajada de Turquía y todos los 26 de febrero a la Embajada de Azerbaiyán.

La matriz negacionista y violatoria de los derechos humanos sobre la cual se construyeron ambos Estados, se mantienen en la actualidad.

Hoy se cumplen 28 años del comienzo del pogromo en Sumgait en 1988. En esa fecha en que iniciaron las masacres de armenios en Azerbaiyán y que siguieron en las ciudades de Kirovabad en noviembre de 1988 y Bakú en enero de 1990.

Los armenios que vivían en esas ciudades fueron víctimas de grupos parapoliciales y población civil con la complicidad y el aliento del Estado de Azerbaiyán. Cientos de madres, padres, abuelos y niños sufrieron ataques, robos, destrozos de sus hogares, violaciones, torturas y asesinatos.

Cientos de familias se encontraron nuevamente, como ocurrió cien años antes durante el genocidio contra el pueblo armenio perpetrado por el Estado turco, con la muerte, el exilio forzado, el desarraigo y la violencia estatal. Se reencontraron con un pasado que parecía lejano, pero que reapareció frente a sus ojos como si hubiese sido ayer. Las heridas de 1915 volvieron a sangrar, y al igual que aquella vez, reinaron la impunidad y el silencio.

Hoy, Turquía y Azerbaiyán llenan sus cárceles de periodistas y activistas. Azerbaiyán amenaza con reiniciar la guerra contra las Repúblicas de Armenia y Nagorno Karabaj. Turquía apoya al Estado Islámico y entorpece el proceso de paz en Siria. Azerbaiyán utiliza listas negras (entre las que se encuentran muchos argentinos) para perseguir a quienes desafíen el relato oficialista. Turquía acosa a sus intelectuales con el infame artículo 301 del código penal, con el que condenaron al periodista Hrant Dink.

Y no podemos dejar de recordar la persecución del Estado turco al pueblo kurdo, especialmente al Partido Democrático de los Pueblos.

Cuando hablamos de memoria, verdad, justicia y reparación, no estamos repitiendo un slogan. Estamos convencidos de que de estos valores depende la posibilidad de construcción de sociedades más justas e igualitarias, sociedades donde la paz y la solidaridad entre los pueblos sean una realidad.

La experiencia histórica demuestra que los pueblos avanzan en materia de derechos humanos cuando son capaces de reconocer los horrores de su pasado.

El caso de la República de Azerbaiyán no es la excepción. La negación del horror de hace 28 años coexiste con las violaciones sistemáticas a los derechos de sus ciudadanos y la escalada bélica. La solución que encontró el gobierno de Ilham Aliyev fue culpar a los armenios de todos los males que sufra el pueblo de su país.

Aliyev y su embajador tienen que saber que en Sudamérica no hay lugar para sus mentiras. Acá estamos nosotros: argentinos, latinoamericanos, armenios, descendientes de armenios, amigos y fieles defensores de la causa armenia y de todas las causas justas, que no vamos a descansar hasta obtener justicia y reparación.

La impunidad de la que goza el actual gobierno de Azerbaiyán solo pudo mantenerse gracias a sus petrodólares y la “diplomacia de caviar”: políticos, periodistas y academicos corruptos que adhieren al relato oficial del gobierno azerí a cambio de viajes y coimas. Hoy vemos como baja el precio del barril de petróleo en todo el mundo y, con él, cae el lobby y las mentiras del gobierno de Azerbaiyán. De un lado, las mentiras sostenidas por la corrupción y los petrodólares. Del otro, la verdad. Y la verdad no cotiza en bolsa.

Todos los que estamos hoy frente a esta embajada somos la prueba viva de que no vamos a dar ni un paso atrás en la lucha.

Este país, la República Argentina y tantos otros países de Sudamérica nos han enseñado que cuando los ciudadanos tienen memoria y el Estado tiene decisión política, la justicia llega. Por eso hoy venimos a denunciar el lobby azerí, que compra voluntades de periodistas, miembros del Congreso y funcionarios públicos, venimos a contarle al pueblo argentino la historia, pero también lo que está pasando hoy, porque la lógica negacionista busca olvidar, confundir, vencernos, pero a pesar de estos intentos desesperados y cobardes, nosotros, los jóvenes, estamos organizados y preparados.

Que nadie tenga dudas. No vamos a parar.

Vamos a seguir de generación en generación hasta obtener el reconocimiento, hasta que nos devuelvan nuestros territorios, hasta que se indemnice al Estado armenio y hasta que veamos que la justicia es un hecho y no solo un anhelo. Por el millón y medio de armenios, por las víctimas de los pogromos, por Hrant Dink, Kurken Markarian, por nuestros hermanos sirios y por el pueblo kurdo, acá estamos y seguiremos viniendo cada año.

¡Que viva la Armenia libre, independiente y unida!

¡Que viva la República de Nagorno Karabaj!”